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Los Tangos Clásicos
Se denomina clásico a la "obra considerada como modelo en cualquier arte", según explica el diccionario. Así, pues son tangos clásicos aquellos dignos de imitación por su condición de ejemplo en el género.
Y esos tangos que dieron las pautas para los seguirían, tienen sus historias. Historias que serán narradas a continuación. Digamos, entonces, que el más antiguo de los aquí incluídos, Cara Sucia, surgido hacia 1884, llevaba originalmente un título cuyo sustantivo se refería a otra parte de la anatomía femenina...
El verdadero autor de la largamente exitosa página fue el violinista Casimiro Alcorta, conocido popularmente como "El Negro Casimiro", que lo habría estrenado en los bailes de Politeama. Había sido dedicado auna prostituta de nombre Enriqueta, cuyo apodo aludía a su órgano sexual, que tenía "fama de valiente", según Adolfo Bátiz (Buenos Aires, la ribera y los prostíbulos en 1880), pero que cargaba también otra fama, la de no hacer buenas migas con el jabón, de allí el adjetivo "sucia".
Alcorta reformó una habanera de autor anónimo para componer su primera parte y alguien le aplicó la letrilla que luego fue adecentada por F. Elpidio y Juan Caruso, en sendas versiones: "C. sucia, c...sucia, c....sucia,/ te has venido con la c...sin lavar; esa c...tan sabrosa y picarona/ que me tiene re metido hasta el ojal". Con el tiempo Cara sucia ganaría nuevos "autores", como Francisco Canaro y Genaro Vázquez; este lo retituló La carterita. Pero ni el uno ni el otro habían nacido cuando el Negro Casimiro lo dió a luz en su viejo violín.
El 25 de Octubre de 1897, Rosendo Mendizábal estrenó en el piano de la "Casita" de María Rangolla "La Vasca" un tango aún sin titular y para cuya primera parte había estilizado una milonga de autor desconocido.
De pronto, uno de los concurrentes, Juan Guidobono, le preguntó: "¿Por qué no se lo dedica a Segovia?", según reproducen Hector y Luis Bates ( La historia del tango). Ricardo Segovia era un hacendado oriundo de Entre Ríos y una dedicatoria de ese tipo -común en la época- significaba unos pesitos de agradecimiento. Por eso se tituló El Entrerriano, que, por otra parte, fue el tango que impuso la modalidad de tres partes, estructura típica durante la Guardia Vieja. Cuando apareció la partitura, el ganadero engordó de orgullo al ver la dedicatoria que lucía en la carátula: "Al Sr. Ricardo Segovia"; también el bolsillo del compositor sintió la obesidad que le provocaban los cien manguitos provenientes de la dadivosa mano del litoraleño pudiente.
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